¿Una banda de rock en Caripe? En vivo en Marta Vecchio

Tengo que hacer una confesión, algo que me ha torturado durante años. Desastre, la primera banda de rock de Caripe, se vendió antes de su primera presentación.

Quizá no fue nuestra culpa. Tal vez fueron los casetes de los New Kids on the Block y de los Enanitos Verdes que nos infiltró algún familiar con la esperanza de que dejaramos de atormentarlos con Death, Cannibal Corpse y Iron Maiden.

Cada vez llegaba más gente a nuestros ensayos. Gustaban nuestras versiones de Metallica, Iron Maiden y Megadeth. El interés crecía y nos invitaron a presentarnos en el colegio donde estudiábamos como parte de las celebraciones por su aniversario.

Lista de tareas de Desastre:
– Completar la banda.
-Dejar de cortarnos el cabello por unos días.
-Escoger las franelas negras con más monstruos en nuestro guardarropa.
-Preparar el set list.
-Tocar hasta que nos salgan callos sobre los callos.

En el pueblo nadie tenía batería pero eso se podía solucionar. Redoblantes, platillos, bombo, toms, todo eso lo tenía la banda marcial del colegio y nos lo prestaron. Reclutamos a su redoblante estrella, el líder de los desfiles, que si bien no era reconocido por rockero, con un cuñete y un par de palos te tocaba cualquier gaita de Maracaibo 15.

Teníamos el instrumento y el ejecutor pero, ¿dónde íbamos a montar los tambores?

El asunto lo resolvió uno de nuestros panas ex-wopero: construyó unos parales usando una máquina de soldar y cabillas delgadas.

Con una batería así y el amplificador-caja de whisky eramos más garaje rock que nadie.

Antes de los White Stripes estuvo Desastre. El ultra low-fi.

No podíamos fallarle a nuestro exigente público. Además de los panas de siempre, ya había algunas chicas.

Es la hora de la presentación. Salimos con nuestras camisas de Slayer y Obituary planchaditas. Calaveras y sangre por doquier. Alguien tendría una botellas de anís encaletada.

Un desconocido en el público nos ve la pinta y se pregunta: ¿cuál de los estilos de moda tocarán? ¿Thrash metal? ¿Power metal?

La música aún no suena. Aparece una cantante. ¿Symphonic metal?

Suena el primer acorde, la gente lo reconoce, se emocionan. Cantan. La gloria.

En la calle, un caminante reconoce la melodía. Tararea:

Y yo estoy aquí
borracho y loco
y mi corazón idiota
siempre gritará
y yo te amaré
te amaré por siempre
nena no te peines en la cama
que los viajantes se van a atrasar

Nojoda.

¿Una banda de rock en Caripe? (Roquerus Caripensis)

Tan solo pensar que exista una grabación se me revuelve el estómago.

1995. Teníamos 15 años.
El nombre lo decía todo: Desastre. Supongo que así sonaba.

Nuestro guitarrista líder era el genio de la banda. Un virtuoso de esos que nunca dicen con una nota lo que se puede decir con cien.

Nos faltaba un amplificador y el pana hizo uno con una corneta, un ecualizador de carro y la caja vacía de un tripack de whisky Etiqueta Negra. El bicho era portátil.

El amplificador era para nuestro guitarrista rítmico, El gurú local del rock. Siempre cerca de la plaza, en el bolsillo un casette con algo que nadie había escuchado.

Su cabello decolorado, zarcillos y piercings eran suficiente para asegurarle la simpatía de cualquier chamito rebelde de Caripe. Entre ellos y un grupo de ex-woperos recién convertidos al rock que seguían a nuestro líder a todas partes teníamos un público asegurado.

Yo era el bajista. Fallaba en ritmo y velocidad pero tenía algo mejor: un buen lugar donde tocar.

Me dejaban meter a quién quisiera en casa así que hacíamos ruido en el garaje hasta que algún vecino se quejara. Entonces pausabamos nuestro loop infinito de Enter Sandman, The Unforgiven y Simphony of Destruction.

Hasta el día siguiente.

Hasta el próximo ensayo de Desastre.